2.10.2010

El antes y el después. las viejas súplicas. los sudarios, la superficie del mármol, las manos entrecerradas, la respiración entrecortada, la presunción, lo entredicho, la tribulación, el hastío, los secretos, las redes, la danza en círculos, las arterias, los pájaros y los reyes, el desaliento, el insomnio, el murmullo, los ojos abiertos, la risa más breve, las primeras horas de luz, el azul del cielo, las calles húmedas, el ardor, los cuerpos dóciles, el viento, la niebla, la eterna epidermis, el desaliento una vez más, las pesquisas, las manos que ceden, la competencia, las distancias, el fuego frugal, la sombra latente, la acrobacia, los círculos viciosos, el garfio, la sustancia flotante, la ausencia de sabor, de olor, de sensación alguna, la geometría, el ciego entre las fieras, la esfericidad, los trazos descuidados, la primera lengua...

Ya nadie nos sigue.

1.29.2010

Porque extrañábamos las cursivas…

6.30.2009

5.13.2009

4.13.2009

4.01.2009

3.07.2009

Watchmen

Como sucede con la literatura, casi siempre la crítica cinematográfica especializada se concentra en algunos participantes clave y olvida que la obra resultante es producto y consecuencia del trabajo simultáneo de un amplio número de especialistas. Watchmen, el cómic, no es la excepción [nótese que las "novelas gráficas" como tales sucedieron después, siendo inercia de la integridad estructural de obras como ésta]. Hablamos aquí de una coincidencia en el instante, de la unión y convivencia de talentos (o incluso de su ausencia), donde la visión de un escritor no es más importante que la del tipógrafo. De ahí que la apreciación se suceda como un conflicto entre lo posible y lo ideal, que en un proyecto editorial como Watchmen posee una importancia capital, polarizada como una contingencia entre la visión del autor, el trabajo manual (literalmente) del dibujante y la pericia del editor o los editores para conducir un proyecto hacia su presencia material.

En una adaptación cinematográfica todo este sistema se reinicia, es un proceso de aproximaciones y distancias: La visión del director, las capacidades y límites del director de fotografía, actores, productores, maquillistas, etc, así como las condiciones de toda una industria se coordinan como una maquinaria, demasiado compleja para percibir homogeneidad en su diversidad. Un filme es un detrito, el diminuto efecto de estos enlaces y encaladuras, un sustrato en medio de todas estas eventualidades, esto es igualmente válido tanto para los presupuestos vastos como para los filmes más ínfimos. Es una apuesta o un cruce de apuestas y de negociaciones. El factor económico es imprescindible, donde existe una expectativa exponencial derivada de la magnitud de la inversión. Lograr sintetizarlo todo de un modo definitivo es consecuencia de las inercias de una época.

Watchmen (atención durante toda la proyección al juego de palabras en "Watch") concreta un proyecto hasta entonces considerado infilmable. Por supuesto dista de ser perfecta, pero sin duda es un filme muy cuidado, efectivo y, esperemos, seminal de adaptaciones cada vez más fieles a la sustancia y esencia de sus fuentes. Un comentario a las constantes que he detectado en las notas nacionales (rara la vez genuinas críticas): No es una película "lenta" ni en ritmo ni en edición (o tal vez lo sea para la Generación Ritalin, acostumbrada a obtenerlo todo en unos cuantos minutos de YouTube), Rorschach no es "maniqueo" (al menos no en el sentido peyorativo detectado en diversas notas) y esa máscara de manchas móviles es todo un subcomentario al instante que vive su portador, exactamente igual que en los comics.

Esta fidelidad exhaustiva a su fuente es justamente una de sus debilidades principales: el mensaje del filme parece un poco fuera de época y luce casi como una contradicción ya hacia el final. Por tanto, debe apreciarse como un homenaje a la atmósfera existente en una década en particular (los años ochenta del siglo pasado), y a una sensibilidad del autor original, que por extensión revela la politización del acto humano más mundano, como la música pop en el filme, cuya incursión simbólica sometida a otros contextos transfigura y enriquece sus sentidos.

El filme en su versión comercial de 163 minutos deja intacto el núcleo esencial no sólo de la serie de comics llamada Watchmen, sino la obsesión de toda una vida de Alan Moore y los artistas que han participado con él por el caos, la subjetividad y sus consecuencias en un universo poblado primero de ideas y luego de imágenes. No es una película innovadora, sucede con Snyder lo que con cualquier otro director congruente: Genera el mismo dispositivo/filme una y otra vez. Desde Dawn of the Dead se suceden las mismas constantes: la misma obsesión por la forma cuidada y deslumbrante, el homenaje a una presencia mediática consagrada, el (probablemente inconsciente) comentario político inherente en sus filmes... y una franca inocencia en torno al objeto abordado. Porque una constante en todos los directores anteriores que intentaron adaptar Watchmen fue la veneración y conciencia del colosal reto que conllevaba su producción. En las entrevistas al director, era muy difícil conciliar el nivel del proyecto con la figura por demás banal de Snyder, errando al más puro estilo cowboy sobre todo tipo de información que cualquier fan mínimamente aficionado a la trivia conocía al dedillo.

Y quizás esta inconsciencia fue la clave de su éxito, entendiendo "éxito" como la materialización de su cometido. Quizás era necesario un modelo de "ignorancia divina", de visión privilegiada pero carente de entelequia ni paroxismo, simplemente para no estorbar la resolución del producto. Esta adaptación fue posible porque no existió un conflicto del mismo tipo de inteligencias, sólo instrumentalización...


1.18.2009

12.18.2008

10.22.2008


Para Virginia que siempre despeja mi mirada
y a Lina, por devolverle la luz al asombro.


Todas nuestras decisiones están tomadas de antemano en nuestro cuerpo, a una velocidad imperceptible, desde nuestras zonas más primitivas. Es una protección ante la mutabilidad de las escenas. Conocemos dos o tres eventos comunes e ineludibles en nuestra biografía, el resto se corresponde a un azar muy estrecho, imbatible. Todo lo que irrumpe es inesperado, pero ínfimo y factible.

Yo no me conozco, no sabría ubicar todos mis alcances y mis insuficiencias. Hay experiencias, existen precedentes, pero donde y como terminaré el día es sólo especulación, si es que lo termino. Tal vez si me lo propongo, aspiraría a ser una superficie sin interior ni exterior, como postula el topólogo Félix Klein. Si por mí fuera, quisiera anular todos los parámetros conocidos, que en mayor o menor medida es el intento de cada generación, uno a uno desde sus ámbitos. Sin que esto implique, necesariamente, un anhelo de mejoría.

Entre más experimento el exterior, más sustancial se vuelve su representación interna.

En Les Liaisons Dangereuses, la Marquesa de Merteuil le escribe al Vizconde de Valmont que cuando cierra los ojos lo imagina hermoso o deforme a voluntad. Los escándalos cortesanos y los deseos ocurren primero en la virtualidad de sus perpetradores, hundidos en el letargo de la resolución permanente de toda necesidad básica: sólo les queda el juego de la ilusión de permanencia, mientras el cuerpo del libertino se va agotando en sus rigores bestiales. Hay una conciencia que se evade o no de que, en nuestra finitud, todo nos está siendo prestado. Nada es nuestro, incluso el lenguaje, ya antiguo cuando llegamos a sus dominios. Un mediador que aproxima dos cualidades incompartibles, lo suyo y lo mío. Aceptamos la lengua, la religión y la ciencia sin miramientos por lo que obtenemos a cambio: algunas convicciones.

Poco conocido en español (a juzgar por la búsqueda en Google), es el "Efecto Baader-Meinhof" (The Baader-Meinhof Phenomenon), que en términos sencillos se trata de la irrupción de una palabra o un concepto del que no se tenía noticia antes, que súbitamente comienza a aparecer con cierta regularidad en la vida cotidiana (e incluso es retroactivo). Es un fenómeno muy próximo al concepto de sincronía. La velocidad en el flujo de información actual provoca que este efecto sea cada vez menos raro. La realidad es percepción. Quizás así sea como fui construyendo mis intereses y prejuicios. Cuando se cree tener todo resuelto, se sucede un evento tan contundente que fractura la coraza ideológica personal y exige su reformulación. Es un asunto de pericias y carácter particular de lo que depende nuestra reacción. En Twitter, el Efecto Baader-Meinhof es una condición permanente.

La mañana del 11 de septiembre de 2001 compré el periódico a sabiendas de que este lado del mundo no volvería a ser igual. Ahora sus consecuencias están tan incrustadas que un mundo sin fronteras (interiores y exteriores) luce imposible, definen el color del nuevo siglo. Hubo un giro del que sólo queda su caos y vestigios, aún por asimilar. Miro mis fotografías de 1982, todo luce tan distinto. Hay un silencio inmenso allá afuera: el silencio tan cómplice como gentil de los periódicos y de los libros, en las pantallas de los televisores de bulbos, la máscara de serenidad de las emisiones radiales populares. Las imágenes lucen dispersas y algunas afectan más que otras. El instante de ruptura. Un evento a la vez, así era entonces.

Cuando los comparo, el periódico del 12 de septiembre proyecta algo radicalmente distinto: la información desea ser simultánea, incluso hay notas en la misma página que contradicen a otras. La verdad, o la sustancia de lo que le concedemos ese matiz, es turbia. Para mí los dos periódicos son objetos radicalmente distintos entre sí. Conforme pasaron los días estas constelaciones se fueron diluyendo, la información se unifica. Pero esa sensación de inestabilidad, de fuerzas centrífugas, prevalece.

Nos acostumbramos a él, y con el tiempo se asimila, se necesita de su embriaguez hasta la sobredosis. Atisbo que Twitter es consecuencia de ello, pero al mismo tiempo las raíces cronográficas de la esencia en su ejercicio son inescrutables. Pienso en las manos de las cuevas protohistóricas, los primeros refugios, los primeros símbolos. Los últimos estudios proyectan una continuidad de cerca de 20 mil años en su creación. Generaciones de experiencias vertidas en el mismo espacio, la contemplación de esa simultaneidad, la matriz del mito. El tiempo es la vida, la historia es la vida.

Atisbo Twitter como el refugio ocasional durante una gran migración. Se hace lo que se quiere con el espacio, todo vale. Hay épicas ocultas, hay slapstick. La desesperación del voyeur ante una confesión a medias, o una singularidad de significado ambiguo. La autoría emigra hacia el nosotros en su repetición. Decimos tanto en su silencio. Nos quedamos con algunas intervenciones, se les concede una estrella. (Y @Rainoverlima justo apuntó uno de estos días: "Bah, no hay galaxia, es el tiempo, sólo el tiempo")

Me llegan voces queridas de Perú, de Colombia, de Argentina, de España; algunas más que otras, por supuesto. Noticias polarizadas. Por ejemplo, BreakingNews proyecta un mundo en constante devastación y deja entrever lo cotidiana que es la muerte violenta y la pesadilla, la deja entrar al cuarto de estudio; otro periódico tiene su Twitter y en él todo tiene un viso humorístico, en su versión impresa el papel incluso es color de rosa. Pero también sobrevienen silencios inquietantes, respuestas a modo de promesas. Estamos cerca y lejos en el mismo instante. Es un estado de paradoja emocional permanente.

Simultaneidad febril, pero la fiebre es la mitad de la cura...


(Gracias a Uniberto, por la convocatoria y por el espacio)


Omnia Ad Unum